Crecí pensando que la lengua era todo lo que teníamos para conectarnos entre humanos. Un día se acercó a mí un niño pelirrojo y pecoso como un plato de leche con moscas. Formamos un grupo de juego y de pronto me quedé atontada pues fui llevada por el a un mundo enteramente desconocido para mi, al menos conscientemente.

Me guiñó un ojo. Y con ese guiño me dijo todo y sin embargo no atinaba a descifrar qué parte de ese todo me estaba comunicando. Me quedó dando vueltas la cabeza y la tripa llena de mariposas. Desde entonces me encanta el lenguaje no verbal.

Un guiño de ojo es cerrar un ojo momentáneamente quedando el otro abierto. Sinónimo de complicidad, simpatía y coquetería, este gesto es muy común en reuniones sociales entre personas que se despiertan interés mutuamente. Puede significar que la persona que te guiñó el ojo tiene una complicidad contigo, si es que te conoce. Si no te conoce y te guiña el ojo puede ser una provocación más sensual, tiene interés en ti. Si alguien está haciendo un comentario superficialmente verídico puede guiñarte el ojo y tú sabrás que es mentira lo que está diciendo. También puede ser una simple señal de que algo va a ocurrir o de acción para ponerte en alerta. Sea como sea los ojos son una fuente formidable de mensajes, hoy me quedo con guiñar un ojo, pero ¿qué tal eso de poner los ojos en blanco? 😉

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